| Las características
que distinguen a los vascos comenzaron a desarrollarse
en el mismo lugar que actualmente habitan, las
vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales.
Fue un resultado de la adaptación del hombre
de Cro-Magnon en esta zona a los grandes cambios
ambientales que se produjeron tras el final de
la última glaciación, hace aproximadamente
diez mil años.
El Pueblo Vasco, conformado como tal desde entonces,
con su propia cultura e idioma, el euskera, posiblemente
el más antiguo de Europa, ha logrado sobrevivir
manteniendo su propia identidad. Viendo a lo largo
de milenios aparecer y desaparecer otras culturas,
reinos e imperios que la pusieron en peligro.
Celtas, iberos, romanos, bárbaros, árabes,
fueron escribiendo sus líneas en las páginas
de una historia que raramente se ocupaba de los
"persistentes" vascos.
No se dotaron de estructuras políticas
propias hasta la Edad Media, y sólo en
un caso llegaron a constituir un Reino, el de
Navarra, que aún así no logró
aglutinar a todos los vascos ni en su momento
de mayor auge. Junto al Reino de Navarra se fueron
articulando los Territorios Históricos
de Alava, Bizkaia y Gipuzkoa, en lo que es el
actual Estado español, y Lapurdi y Zuberoa,
en el actual Estado francés. Estos Territorios
mantuvieron una relativa independencia bajo la
órbita o influencia cambiante de otros
reinos, ya fuera el navarro, el castellano, el
francés o incluso el inglés. En
una Europa medieval en la que las estructuras
políticas y administrativas dependían
más de guerras, bodas, herencias y alianzas
que de la voluntad de sus habitantes.
Los vascos de estos Territorios se dotaron de
una peculiar organización política,
una ley consuetudinaria concretada de forma escrita
al terminar la Edad Media, en sus Fueros respectivos.
Es decir sus propias constituciones, unas normas
básicas que preservaban su soberanía
y regían su convivencia. A través
de ellos, por ejemplo, se proclamó la nobleza
de todos sus habitantes por el mero hecho de haber
nacido en territorio vasco. Lo que supuso que
varios siglos antes de la Revolución Francesa,
de tan singular manera, se eliminaran las diferencias
estamentales. El Arbol de Gernika, el lugar en
donde los vascos se reunían para tomar
sus decisiones, se convirtió en el árbol
sagrado de los vascos, en símbolo de libertad
y democracia.
Gozaron los vascos sujetos a los ordenamientos
forales, que preservaban su independencia, de
lo que en los países que les rodeaban no
eran sino privilegios de una nobleza minoritaria
en detrimento del resto del pueblo. Eran nobles,
no debiendo pagar impuestos o servir en levas
militares, contaban con garantías procesales
frente a la administración de justicia,
y las mujeres vascas tenían personalidad
jurídica independiente de los hombres.
Elegían mediante votaciones públicas
a sus cargos locales y a sus representantes en
las Juntas o Asambleas generales de todo el territorio,
sirviendo de modelo democrático a los constitucionalistas
americanos tras conseguir su independencia y a
los pensadores europeos que a finales del siglo
XVIII establecerían los postulados ideológicos
de la Revolución Liberal.
Mantenían además una vinculación
con las monarquías bajo cuya influencia
se encontraban por la que la corona tenía
unas limitaciones expresas escritas en los diferentes
Fueros, debiendo jurar el cumplimiento de las
leyes vascas al acceder al trono. Por estas mismas
leyes podían ser rechazados sus decretos
reales por no respetar lo dispuesto en ellas.
Disponían los vascos de sus propios ejércitos,
moneda y fronteras.
El final del Antiguo Régimen en el Estado
francés supuso a finales del XVIII la abolición
por la fuerza de los Fueros de los territorios
vascos continentales. Proceso que, de forma paulatina,
y a lo largo del XIX, se daría igualmente
en los territorios vascos peninsulares.
Los territorios vascos fueron pues, repúblicas
libres y soberanas. Elegían o pactaban
con sus Señores. Si el señor rompía
el pacto la república volvía a la
plenitud de su soberanía originaria. |