| De la mano de Leizaola
el Gobierno vasco en el exilio se mantendría
hasta que la muerte de Franco abría nuevas
expectativas para Euskadi.
La Guerra Civil y los 40 años de dictadura
posteriores habían dejado una sociedad
fragmentada que era necesario reorganizar y construir
desde el legado de intolerancia que la dictadura
dejaba como poso amargo. Se iniciaba un nuevo
proceso. El Estado español optaba por un
modelo que rechazaba la ruptura con el régimen
anterior y apostaba por una "transición"
hacia un régimen democrático.
El PNV supo adaptarse al nuevo período
que nacía. Durante 40 años había
mantenido sus estructuras, en la clandestinidad
en Euskadi y el exilio en el exterior. Había
renovado, poco a poco, sus cuadros dirigentes
y sus programas.
En 1977 presentaba en Pamplona un nuevo programa,
acorde con las necesidades que demandaba la sociedad
de finales de los años 70 y reclamaba una
amnistía que supusiera un nuevo punto de
partida para todos. En muy pocos años lograba
reconstruir y potenciar, municipio por municipio,
la compleja y eficaz estructura municipal que
le había sido arrebata con la Guerra Civil.
El PNV aceptaba participar en el proceso democratizador.
Se redactaba una nueva constitución que
no iba a contar con el apoyo del Partido Nacionalista.
El PNV reconocía el gran paso que suponía
el nuevo texto, pero proponía para dar
su asentimiento que se aceptara la restitución
de los fueros vascos abolidos en 1839.
No se llegó a un acuerdo con el resto
de las fuerzas políticas del Estado. El
Partido Nacionalista Vasco abogaba por la abstención
vasca ante la nueva Constitución y así
quedó reflejado en las urnas del País
Vasco.
La fuerza del PNV tenía su espejo en
las urnas. En las elecciones generales de 1977
obtenía unos magníficos resultados
y en 1979 se volvía a confirmar esta mayoría
nacionalista. Los representantes vascos en el
Parlamento de Madrid empezaron a trabajar para
recuperar las cuotas de autogobierno perdido.
Se constituía el Consejo General Vasco,
un órgano preautonómico germen de
lo que luego sería el Gobierno Autónomo
Vasco. Se trabajaba en la redacción de
un nuevo Estatuto de Autonomía para Euskadi,
que fue aprobado en referéndum por los
vascos. Nacía el "Estatuto de Gernika".
La vía estatutaria no fue aceptaba por
un nacionalismo de inspiración marxista,
que optaba por copiar su modelo de los movimientos
de liberación del Tercer Mundo. ETA y su
entorno, de espaldas a la decisión mayoritaria
del Pueblo Vasco, optaban por continuar con lo
que ellos denominaban "la lucha armada"
contra el Estado.
Jesús María Leizaola, terminada
ya la labor de los vascos en el exilio regresaba
a casa. Unos meses después se celebraban
las primeras elecciones para el Gobierno autónomo
vasco y el PNV lograba la victoria. Su candidato,
Carlos Garaikoetxea, recogía la herencia
de los lendakaris Aguirre y Leizaola.
En 1986, en el momento de mayor auge del Partido
Nacionalista Vasco, sufría una nueva escisión
que dividía al partido en un momento de
vital importancia para el desarrollo político,
económico y social vasco. Nacía
un nuevo grupo Eusko Alkartasuna, que obtenía
una considerable representación política
en Euskadi. El PNV se fue recuperando paulatinamente
de aquella traumática escisión acercándose
progresivamente a las cotas alcanzadas antes de
la escisión. Aun así, y en coalición
con otros partidos, ha seguido hasta ahora manteniendo
la jefatura del Gobierno autónomo vasco,
presidido desde 1985 hasta 1998 por José
Antonio Ardanza, y en adelante por J.J. Ibarretxe
Poco a poco, el Partido Nacionalista, y no sin
dificultades, fue desarrollando una política
propia para Euskadi al frente del Gobierno vasco.
Conseguía el Concierto Económico
para Euskadi que no es otra cosa que la facultad
para poder recaudar y administrar sus propios
impuestos. Creaba y desarrollaba una administración
pública vasca, creaba un cuerpo de Policía,
la Ertzantza que hoy asume las funciones de policía
integral en todo el País Vasco. Desarrollaba
un sistema sanitario pionero en el Estado español;
impulsaba una ambiciosa política de normalización
lingüística para recupera el euskera,
el idioma propio de los vascos, reprimido durante
40 años por la dictadura; asumía
el reto de la modernización de la enseñanza
y la investigación. Y no olvidaba una de
las aspiraciones por la que durante 40 años
había trabajado: la Europa de los Pueblos.
En 1987, el PNV, en la Asamblea que celebró
en Zestoa, declaraba que "Euskadi es una
nación y abriga la esperanza de que si
la futura Europa unida es realmente democrática
y, por tanto, respeta la voluntad de los pueblos
que la integran, un día la Nación
Vasca podrá formar parte de ella en pie
de igualdad con las demás naciones de Europa".
Hoy, la Comunidad Autónoma Vasca cuenta,
a pesar de las dificultades puestas por el centralismo
español, con una Delegación Vasca
en Bruselas, una oficina de representación
ante las instituciones de la UE.
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