| Tras el triunfo de
las ideas que sustentaron la Revolución
Francesa, y su enorme influencia en España,
se prentendió imponer a los vascos sistemas
constitucionales ajenos a sus propias leyes. En
nombre de la "igualdad" se trataba de
hacer "tabla rasa" de la situación
precedente para convertir a los vascos en unos
súbditos más del sistema constitucional.
Se hacían "incompatibles" las
viejas ideas con la exigencia de igualdad y libertad
que "la modernidad" , amparada por el
corpus ideológico de la Revolución
francesa, imponía.
En las luchas dinásticas que durante este
siglo se dieron en la monarquía española
los vascos del sur apoyaron mayoritaria y decididamente
a la facción que consideraron que mejor
mantendría sus instituciones seculares,
la cual, a lo largo de las Guerras Carlistas,
fue sucesivamente derrotada. Tan destacado fue
el apoyo vasco a la causa perdedora que al final
de la última Guerra Carlista la opinión
pública española acabó culpando
a los vascos del conflicto, siendo abolidos definitivamente
los Fueros y las instituciones forales cuando
en 1876 fueron derrotados finalmente los carlistas.
Las consecuencias políticas de la derrota,
que fueron sentidas por los vascos como un castigo,
transcendieron a todos los órdenes de la
vida cotidiana. La población que podía
ahora participar en las elecciones, con el nuevo
sufragio censitario impuesto, paso a ser mucha
menos que con el sistema tradicional. Los jóvenes
vascos debieron salir por primera vez de sus casas
para prestar el servicio militar al ejército
español, desconociendo la mayoría
de ellos el idioma de sus mandos y de los habitantes
de los territorios a los que tuvieron que desplazarse,
en muchos casos hasta Cuba y Filipinas, que comenzaban
sus guerras de independencia de la monarquía
española.
Los niños vascos no se vieron en mejor
situación que los jóvenes. Junto
a las nuevas autoridades y a las tropas de ocupación
del ejército español llegaron al
País Vasco los nuevos maestros, al hacerse
cargo ahora el Gobierno español de la educación.
En su mayoría desconocían el idioma
de sus alumnos y que suplían su ignorancia
culpando a los niños por hablar en su propio
idioma y castigándoles con la dureza de
los sistemas pedagógicos en boga en la
España de la época.
Al resquebrajamiento de todo el sistema político
y administrativo que durante siglos había
servido de base a los vascos, se unirán
a finales del siglo XIX los cambios económicos
y sociales que un acelerado proceso de industrialización
provocarán.
Un desarrollo industrial que vino acompañado
de la llegada masiva de emigrantes españoles
para trabajar en la minería y siderurgia
nacientes, soportando unas durísimas condiciones
de vida y trabajo. Tan masivo resultó este
proceso migratorio que, en muy pocos años,
la población vasca de algunas zonas de
Bizkaia pasó a ser una minoría frente
a los recién llegados. Por lo que el proceso
de aculturación dirigido desde la administración
española contó con un decisivo factor
añadido que llegó a poner en peligro
la supervivencia de la identidad del Pueblo Vasco.
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