| El Partido Nacionalista
Vasco se convirtió en estos años
de democracia en la primera fuerza política
de Euskadi, esgrimiendo como principal baza política
la recuperación del autogobierno perdido.
Como reivindicación fundamental reclamó
al Estado un Estatuto de Autonomía, como
primer paso hacia cotas de soberanía más
amplias.
Nos encontramos ya ante un movimiento plenamente
de masas, con una gran capacidad de movilización
y con un nivel organizativo y propagandístico
desarrollado. Llegaba a la mayor parte de población
de Euskadi a través de sus actos multitudinarios;
sus cinco diarios, y más de una docena
de revistas políticas y culturales; su
sindicato o los grupos como "Emakume Abertzale
Batza", creado en 1921 y dirigido específicamente
a la mujer o a través de asociaciones de
juventud, deporte o cultura. En la mayor parte
de los pueblos del País Vasco existía
ya una organización municipal del Partido
Nacionalista Vasco (las denominadas Juntas Municipales),
y el PNV llegaba tanto a las ciudades como a los
núcleos rurales.
Una mención especial merece el grupo "Emakume
Abertzale Batza" que nació, como ya
hemos dicho, en 1921 y que sirvió para
canalizar la cada vez mayor presencia femenina
en el nacionalismo. Su mayor desarrolló
coincidió con la II República en
la década de los años 30. Desempeñaban,
al principio, funciones de apoyo, beneficencia
o educación. Poco a poco también
empezaron a encargarse de labores de propaganda
y se integraron más activamente en la vida
política y organizativa del PNV. Muchas
tuvieron que huir al exilio. Otras permanecieron
en Euskadi, desarrollando en la clandestinidad
actividades de resistencia contra el franquismo.
El 18 de julio de 1936 Franco encabezaba la sublevación
que daría lugar a un sangriento conflicto
armado. El Partido Nacionalista Vasco proclamaba
su adhesión al régimen republicano
establecido en las urnas. "Ante los acontecimientos
que se desarrollan en el Estado español
-declaraba el EAJ/PNV-, y que tan directa y dolorosa
repercusión pudiera alcanzar sobre Euskadi
y sus destinos, el PNV declara, salvando todo
aquello a que le obliga su ideología, que
hoy ratifica solemnemente, que planteada la lucha
entre la ciudadanía y el fascismo, entre
la República y la Monarquía, sus
principios le llevan indeclinablemente a caer
del bando de la ciudadanía y de la República,
en consonancia con el régimen democrático
y republicano que fue privilegio de nuestro pueblo
en su siglos de libertad".
En plena Guerra, las Cortes del Estado aprobaban
el primer Estatuto de Autonomía Vasco y
el dirigente nacionalista José Antonio
Aguirre era elegido Lendakari -Presidente del
Gobierno vasco- en un ejecutivo del que formaban
parte otros partidos democráticos republicanos,
aunque el sustento fundamental procedía
del PNV. Frente al desorden político, administrativo
y social que padeció una parte importante
de las zonas republicanas, con persecuciones y
matanzas indiscriminadas, el Gobierno vasco, tras
salvaguardar la libertad religiosa, supo garantizar
el orden en todos aquellos territorios que controlaba.
Los vascos muy poco pudieron hacer para frenar
el avance de las tropas sublevadas. El superior
ejército golpista, apoyado por los hombres
y por la tecnología militar nazi, no tardó
en conquistar el País Vasco. En abril de
1937 la población civil de Gernika sufrió
la barbarie de la Guerra. Aviones nazis bombardeaban
la villa emblemática del Pueblo Vasco.
Gernika se convertía en símbolo
de la tragedia vasca. La "cruzada cristiana"
de Franco reprimió con dureza a los vascos,
y no dudó en fusilar a 17 sacerdotes, entre
ellos a "Aitzol", nacionalista, sindicalista
y precursor de la doctrina social cristiana.
En junio de 1937 caía Bilbao, el último
reducto del Gobierni de Aguirre, en poder de los
franquistas. El nacionalismo, junto con todas
las fuerzas políticas democráticas,
iniciaba un largo exilio de cuarenta años.
El grupo principal del Partido establecía
su base en Francia. José Antonio Aguirre
se convertía en el líder carismático,
no sólo del Partido Nacionalista Vasco,
sino de todos lo exiliados vascos y en uno de
los baluartes de la lucha contra el régimen
dictatorial.
Se abría un nuevo y desconocido período
para el PNV. Había vivido con anterioridad
la clandestinidad y la persecución. Pero
ahora, la mayor parte del entramado organizativo
nacionalista, tenía que establecerse fuera
de Euskadi. Otros muchos dirigentes y militantes
de base serían hechos prisioneros y fusilados
o encerrados en las cárceles franquistas.
Pero la dinámica que durante años
había impulsado a los nacionalistas vascos
tampoco cesará ahora. Desde el exterior
y desde el propio estado español, aun en
las condiciones más adversas, volverán
a reconstruir la estructura del partido.
En las propias cárceles franquistas un
grupo de dirigentes nacionalistas, encabezados
por Juan Ajuriaguerra, empezaban a preparar una
incipiente red clandestina del PNV en la Península,
uno de los pilares de lo que más tarde
serían los Servicios Secretos Vascos y
"La Resistencia". |